Yo soy un hombre pequeÒo
ojos oscuro
que quiere sentir el mundo
desde adentro
porque por el mundo caminan mis hermanos
recorro las calles,
entre ruidos que no entiendo,
miradas que me dan frio
observo,
con mi mirada de luna soÒolienta,
o de lampara de escritorio,
las aves que uyen del invierno.
observo,
desde atras de una ventana,
al viejo vendedor
de trapos viejos,
con su mirada cansada
y su incansable arrastrar de memoria,
respirar el hielo de la madrugada.
la nieve borra sus pasos.
En este momento
estoy desenredando el universo,
estambre con nudos de tiempo
y oyos negros que no encuetro.
en estos tiempos,
me ha dado por darle
vueltas al sol a diario,
en estos tiempos,
me han dado unas ganas enormes
de ir a caminar a la banqueta,
para ver a las hormigas de metal,
metiendose en todos los lados,
cargando gente que platÌca de trabajo,
en ilera y sin chocar.
Observo como los edificios
escupen gente por las puertas,
y unos brazitos
se asoman por la ventana para atrapar la lluvia.
En mis tiempos de pesadilla,
siento que el mundo es una telaraÒa
pegajosa que nos aprieta al concreto,
nos sofoca y nos aprieta las venas.
espero la llegada de la araÒa
Me gustarÌa sentir el mundo,
sentir cada l·grima de niÒo con hambre,
de abuelo que pierde a su esposa.
y sentir el mismo miedo
que sienten las seÒoras que tienden la ropa,
al ver pasar aviones con sus hijos a Kosovo.
quiero sentir
el alma de las cosas,
pero primero
tengo que salir
del centro de mi universo vacÌo.
ver las estrellas,
atravez de un campesino
sosteniendo una taza de cafÈ.
Quiero,
que mis poemas se llenen de manos y de caras,
quiero poner un sendero
por donde la gente pueda caminar,
para ya no estar tan solo,
o tan pedazo de cartÛn.
Tengo que vivir el mundo.
Mirar, tocar, sentir,
desde adentro.